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martes, 8 de febrero de 2011

ESBOZO PARA UNA CARTA MARÍTIMA DE LOS CONTEMPORÁNEOS

I

Ya Auden perfiló la fisonomía literaria del mar en relación con la poética de diversos autores. Cuatro son los símbolos primordiales que conforman esta sustancia: el abandono, el viaje, caída y redención, y lo ignoto perdurable. Paralelamente a esta iconografía, el mar posee un grupo de asociaciones tradicionales que dominan el horizonte de la poesía de los últimos dos siglos: la isla, el naufragio, la creación, el barco, la muerte y las entidades feéricas. Estas representaciones adquieren, sin embargo, diferentes tonalidades e intensidades conforme la visión del poeta se abre paso entre la bruma del romanticismo y percibe la inmensidad del mar simbólico con los bien enfocados anteojos de la abstracción. La poesía del siglo xx metió el mar al laboratorio de la razón y halló que su constitución química no era tan pura y que servía muy poco a la creación literaria, pero estimulaba casi hasta la asfixia el braceo filosófico y existencial.

En la poesía mexicana, son los poetas agrupados en las revistas Ulises y (posteriormente) Contemporáneos quienes expresan con más pulcritud su percepción del mar y símbolos aledaños. Percepción condicionada
–si se quiere– por su formación intelectual, su autobiografía y sus ejercicios ontológicos. Ortiz de Montellano, Villaurrutia, Bodet, Novo, Owen, Gorostiza y Pellicer, cada uno desde su punto de mira, trazaron la coordenada marítima más exacta de la poesía mexicana del siglo xx.

El presente artículo sólo pretende esbozar con trazos azarosos la carta marítima de los Contemporáneos en una imaginaria coordenada. Se notará –tal vez– que en alguna intersección se confunden las palabras, los nombres y los rumorosos oleajes.



II
Al Oriente de nuestra lúdica coordenada podemos ubicar a dos poetas emparentados por una percepción juguetona e hiperactiva del mar: Gilberto Owen y Salvador Novo. En ambos hay un gusto especial por remar contra la corriente romanticista, por solazarse en altamar con un buen libro de aventuras o enmallando mitologías que aprovechan a la perfección para alimentar su cotidianidad. No es una pareja que se detenga a reflexionar con pavor ante los significados existenciales de lo inmenso, tampoco pretenden naufragar presos de sus temores ontológicos; juegan, se divierten, citan a sus autores preferidos y, finalmente, le tuercen con delectación el cuello al albatros baudelariano. Cuatro textos son fundamentales para entender este parentesco marítimo y esta ruptura sintáctica: Perseo vencido (1948) de Owen y Return ticket (1928), Seamen rhymes (1933), y la prosa “Motivos del baño” (1928) de Novo.

Para Owen el mar es una extensión donde la sensualidad y la inteligencia guían la “aventura del espíritu”, el viaje inmemorial de lo alegórico a lo cotidiano. No en balde “Sindbad el varado” es, leído con paciencia marinera, un poema sobre la poesía y su instrumento de navegación: el poeta y sus “frustradas invenciones”. Novo es el otro fabulador de los ciclos del mar que se aparta con singular fobia de las solemnidades retoricistas. Si Owen apuesta a la aventura, Novo aspira a divertirse mientras le sean dados los rumores de un mar que “conoce de oídas”; que mira o recuerda como una segunda naturaleza del niño citadino cuya precocidad le obliga a retornar y marcharse cada vez más lejos, con tal de no apenarse al confesar: “Tengo veintitrés años y no conozco el mar.”



III
Si Owen y Novo son dos poetas joviales y diurnos, hay un segundo grupo que se puede fijar en la coordenada neorromántica y, por ende, nocturna: Villaurrutia, Ortiz de Montellano y Torres Bodet. Aquí conviven dos poetas innovadores y uno tradicional, aunque –paradójicamente– su percepción del mar esté alejada del onirismo surrealista. Villaurrutia es sin duda el más arriesgado en sus travesías; su mar es negro y mudo, sus gemidos dolorosos lo desvelan; más que una sustancia o una esencia sujeto de investigación (Gorostiza), el mar es un ente condenado a consumir “despojos silenciosos, olvidos olvidados y deseos, sílabas de recuerdos y rencores”: Cronos devorando a su hijo. Ortiz se refiere poco y casi insustancialmente al mar en su obra. Salvo en “Segundo sueño”, donde escucha desde el quirófano la “onda de otra mar salina”; y en “Estudio”, poema más bien juvenil, las recurrencias al tema son generalmente corporales, íntimamente relacionadas con el sueño y la soledad. Por su parte, Bodet no se aleja mucho de esta línea; su poesía (con todo y su rancio humanismo) es una expresión del hombre y su solitario fluir en el tiempo: más que mar le obsede un heracliteano río.



IV
No sin el remordimiento de la prisa y la posible ligereza, llegamos a la coordenada donde se ubican los dos poetas diurnos de este grupo: Pellicer y Gorostiza. Aquí lo “diurno” tiene que ver no sólo con la luz de la inteligencia, sino con la apreciación plástica que del mar tiene cada uno desde su puerto. Si fuera necesario ubicar esta coordenada correspondería al sureste su punto geográfico: ambos nacen en Tabasco con una diferencia de casi 4 años. Esto no significa que al compartir su origen compartan también el mismo pincel; más bien comparten los mismos colores y la profundidad de la mirada.

De Colores en el mar y otros poemas (1921) a Reincidencias (1978), Pellicer reinventó el paisaje con asombrosa minuciosidad. El suyo no es un panteísmo arcaico, es la expresión plástica de realidades a veces imperceptibles para el espíritu moderno; quiere recrear y reordenar el mundo a partir de la belleza y no de las complicidades religiosas; sabe que el hombre –en su travesía hacia su verdadera realización– requiere de un entorno armónico susceptible de ser contemplado y admirado: “El mar –que no es un aspecto físico del Mundo, sino una manera espiritual–, tiene en mi corazón los elementos principales para subordinarme a él.” Esta subordinación es más bien el dominio de la fascinación, la sujeción venturosa al verso cromático y la composición musical. No es nuevo entonces que sus resonancias musicales estén cerca de Carlos Chávez y su plasticidad de Rufino Tamayo.

“Estudio”, poema escrito en 1920 y que se incluye en su primer libro publicado en 1921, es un punto de intersección donde se manifiestan con más precisión las afinidades tonales de Pellicer con el primer Gorostiza: el minucioso observador de Canciones para cantar en las barcas (1925); el vigía –que no el guía– espiritual de la poesía mexicana del siglo xx. Aparte de la correspondencia temática entre “Estudio” y “Dibujos sobre un puerto” (incluido en Canciones...), existe una relación visual donde predominan los colores y los trazos tenues de dos poetas que aprendieron a reconocerse en la quietud y la contemplación.

“Dibujos sobre un puerto” es una oración cenital donde la luz convierte lo que toca en materia de asombro y reflexión; el paisaje marítimo no es un elemento de decoración sino la reunión destellante de plegarias y objetos; la barca es el centro ilusorio del campo visual, el pretexto para consumar la comunión del hombre con su entorno. Aun con su brevedad, el trazo de las formas en el poema delinea perfectamente un estado de ánimo beatífico donde “la vida es apenas/un milagroso reposar de barcas/en la blanda quietud de las arenas”. Reposo que no es inmovilidad sino ascenso espiritual como en san Juan de la Cruz; convergencia de anhelos como en el Cantar de los cantares.

El punto de mira de Gorostiza le permite ser diáfano incluso cuando descubre que el ciclo rotativo del mundo –nombrado en el poema como “El alba”, “La tarde” y “Nocturno”– no es sino una leve distorsión de luz creadora. Luz al fin, conciencia luminosa (¿antecedente de la “inteligencia en llamas”?). Los otros 4 apartados de “Dibujos... ” rompen una secuencia natural en la reflexión y aspiran, como toda auténtica travesía, a la “insatisfacción poética de los ojos”. Anhelo que se cumple en uno de los grandes poemas del siglo XX: Muerte sin fin.

martes, 11 de enero de 2011

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Asesinan en Juárez a la poeta Susana Chávez que creó la frase "Ni una muerta más". Como decía Revueltas: ¿De qué estamos hechos los mexicanos que soportamos tanto?

miércoles, 5 de enero de 2011

TAPIA

1


Que la pared blanca y desnuda

sea en realidad una Obra intacta

lo sabe cualquier crítico de arte,

pero mi vecino –plomero iconoclasta,

herético censor de cuanto mana–

empotra sus artefactos cada noche

en busca de averías,

                vestigios familiares

o algún cuento prefabricado de Poe.



2

¿Qué sostiene un clavo sino la pared misma?

Dudo que la fuerza de gravedad o la blancura

puedan espolear la fotografía de mi abuelo,

              o mantenerla en vilo

sin necesidad de una prótesis vertebral.

También él sufre cada noche

el martilleo de al lado con estoica parálisis,

indefenso ante la avanzada de concreto

que lo condena a sufrir como cualquier civil:

expuesto siempre a los descalabros.



3

Que fue herido, sí. Que combatió, quién sabe.

Para evitar el deterioro de su imagen

(pues uno aprende algo de la historia)

en lugar de su foto cuelgo una máscara de huehue,

                     un revólver

                                  y unas insignias oxidadas.

Así, cuando la estética vecinal se abra paso

entre toneladas de varillas y cemento,

              un boquete delator

                           le rendirá merecidas honras.

sábado, 20 de noviembre de 2010

En el centenario de Lezama Lima

Tres imágenes posibles

1


“¿Por qué se disfrazan así los ángeles?”, se interroga Luis Cardoza y Aragón ante el paso avasallador de un rinoceronte asmático y acezante. Diríase lo mismo de cualquier entidad poderosa que con un rugido –resuello de catacumba– echara a andar su mole catedralicia. Es Lezama-Cemí absorto ante el mundo de los símbolos y los arquetipos; el de la fijeza placentaria que configura su “orbe poético” (su imago, diría él) a partir del sueño primigenio. Por eso también se ha dicho que escribía como soñaba, no como hablaba. Virgilio Piñera precisa: Lezama no entrevió su “futuridad” de intelectual sostenido apenas en vilo ante el abismo de tres posibilidades: la de conversador, poeta o novelista. Agregaríamos la de ensayista si no fuera porque sus ensayos son poemas y viceversa. Se sabe que él no se consideraba fundamentalmente novelista sino poeta; en cuanto a lo de conversador, supongo que siempre hizo suyo aquello de In principium erat verbum y de que el verbo sólo se realiza en la palabra y se nutre de las guturales raíces humanas. Una imagen imposible de Lezama sería idealizarlo ante un abismo, a las puertas del inferno disimulado de Foción o Cemí. Lezama-Licario. Una posible es –delirio barroco de por medio– verlo abastecerse de faunas y floras en el estrecho (para él) laberinto del logos y la metáfora. Toda recreación es un alegato lírico, toda invención es retórica: la imagen posible de Lezama es una sinestesia; un ornamento que hechiza y enmudece al más bien pintado de los serafines.

2

¡Cuántas atrocidades se han cometido en nombre de la rebuscada inteligencia! Cuando Lezama escribió (no dijo) en La Expresión americana: “Sólo lo difícil es estimulante...”, no se refería a ningún sistema poético en particular sino a la reconstrucción (visión histórica) del sentido del conocimiento en el mundo occidental y, concretamente, en la América criolla. Véase si no la continuación de la cita: “sólo la resistencia que nos reta es capaz de enarcar, suscitar y mantener nuestra potencia de conocimiento”, y ahí se sigue precisamente desenhebrando el hilo conductor de una expresión continental que aprendió a ser desde sí misma; tropezando a veces con un rancio clasicismo, otras con las frivolidades parnasianas, otras más con la deserción caprina de las vanguardias. Para Lezama la apropiación (y el dominio) de un sistema lingüístico es el inicio del sentido morfológico de la integración americana. Entonces dedicará sus ensayos más brillantes (¿hay otros?) a reconstruir los cimientos monumentales que, de una u otra manera, dan legitimidad a esa expresión.

Sus varios libros de ensayos (Analecta del reloj, La expresión americana, Tratados en La Habana y La cantidad hechizada…), podrían ser uno solo. En todos reincide en dos temas centrales: poesía y pintura. Ah, pero aun cuando escribe sobre Matisse o Picasso está haciendo poemas. Ensayos-poemas. Novelas-poemas. ¿Qué es en realidad Lezama? Las tres imágenes posibles se reducen a una. No es casual entonces que sean poetas a quienes corona con reverberantes elogios: Saint-John Perse, Paul Claudel, Martí, Mallarmé. Pareciera que sus ocupaciones literarias son más bien preocupaciones estéticas y místicas: uno es “el historiador de las lluvias”; otro el “deudor sanguíneo” del catolicismo; uno más el “ente fabulador” que consume las raíces broncas del Paraíso; en el último ve el reflejo de un “destello cabalístico”.

Y ya ni hablar de sus demás objetos de veneración a riesgo de caer en la herejía. Caso especial en el santoral de Lezama-Obispo son Juan Ramón Jiménez (“serpiente de cristal”), Garcilaso (“el extraño”), Góngora (“rey de los venablos”) y Julián del Casal (el “delicioso” mártir ). Poetas todos. Poetas que se hacen invisibles por la máscara o la transparencia.

Aparte de la ubicuidad y de las sandalias desechas en los meandros, ¿qué más importa de una biografía?

3

La presencia de Lezama Lima en la Capilla del Rosario es un retruécano, pero también una referencia obligada: “Recuerdo que en una ocasión, hace ya bastantes años, me encontré en la Basílica (sic) del Rosario, en Puebla, y allí, realmente, mi alma encontró una expresión que era totalmente americana: el ornamento cubriendo las paredes desde el suelo hasta el techo, reverberando de plata y de todos los materiales en fiesta de la naturaleza.” (Margarita García Flores, Cartas Marcadas [Entrevista a J.L.L., marzo de 1967] UNAM, 1979, p. 14). De ahí se desprendió sin duda su tesis de que el barroco americano, si bien no es ajeno a las directrices estéticas europeas, sí apuesta todo al goce, a la mirada erotizante, al asombro. Está regido por la unidad, por el aprovechamiento minucioso y (¿por qué no?) perverso del espacio: riqueza ajena al dispendio.

Si no fuera porque la iconografía católica sufre de estrabismo, Lezama podría ser un mártir de retablo, un místico que combate –destellos tropicales en mano– realismos execrables: “El realismo trataba de que el autor de una novela fuera, en infinitas metamorfosis, sumergiéndose en la vida de cada uno de sus personajes. Entonces lo veíamos disfrazado de personaje balzaciano, de viejito, de aldeano, y el escritor tenía que sufrir todas esas metamorfosis.” Tal vez por eso percibió, en un momento en que la matemática parecía predominar sobre la reflexión crítica, el riesgo de admitir como anatemas las categorías prelógicas e ilógicas que Valéry atribuía al origen de la poesía. Opuso, entonces, al fariseísmo cerebral el desvarío órfico. Fue y vino –acezando siempre e ignorando las vulgaridades de la “literatura revolucionaria”– en busca de su Eurídice: la summa expresiva. He ahí a Lezama-San Juan muy en su papel, con temperancia muy ad hoc abriéndose paso entre tanta mulata, y perdiéndose (¡milagrosamente!) en su espesa Patmos bullanguera.

martes, 28 de septiembre de 2010

Para Óscar Sánchez Daza, In memoriam

"Quiero minar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte"
                     M.H.

CIERTA CONTRADICCIÓN INTERNA

Cuando pienso que no fuiste capaz
De escribir al final del acta:
Mi renuncia es irrevocable
Y que lo pequeño burgués
Te brotaba a mitad de la reunión
Cuando salías por tus Marlboro
En vez de aceptar los Delicados
Que proletariamente ofrecían
Cuando siento que perdiste
Tus mejores años en la célula
Y que fuiste buen militante
A pesar de todos ellos
Que ahora te consumes
Entre la quincena y el alcohol
De las noches sabatinas
Con tu corbata de maridito fiel
Y el latir de tu corazón electorero
Cuando lo pienso
Apuro el resto de veneno
Que dejaste olvidado
[Catálogo de criaturas licenciosas, 1998, BUAP]

lunes, 31 de mayo de 2010

Chatterton: la lívida impostura


Chatterton: la lívida impostura


La biografía de Thomas Chatterton no es muy diferente de la de otros poetas románticos del siglo XVIII. Acaso agregaríamos que su figura trascendió no tanto por los esfuerzos detectivescos de la historia y la crítica literaria, sino por su faz lívida y desamparada que supo retratar Henry Wallis en 1856, donde se observa al joven poeta exánime sobre un camastro, con una ventana abierta al fondo donde trasluce la marea de tejados de un Londres brumoso, y un baúl situado al pie de la cama que rebosa de papeles olvidados. Esta imagen habrá de perdurar hasta hoy, sin que haya habido muchos intentos serios por rescatar y ubicar en su dimensión real al Gran Impostor [Ver texto completo en página titulada "Chatterton"].

sábado, 1 de mayo de 2010

Tres traducciones

La Lety
Michele Serros

Sus dedos sostienen alzado el párpado

mientras dibuja una línea oscura

en sus gruesas cejas;

casi siempre tarda

una hora en embellecerse:

     –“¿Sabes lo que eres?”,

me pregunta a través del espejo:

     –“Un chicana falsa”.

     –“Michele, no dejes que nadie

se orine sobre ti; practica tu español a solas

o jamás te darán buenos precios en el supermercado”.

     –“Hispana homogeneizada,

eso es lo que eres”.


Su nombre es Leticia,

pero para mí es La Lety,

así, a secas.

Hace años solíamos andar en bicicleta,

pero ahora pasan a recogerla a casa

muchachos o viejos,

en autos lujosos o destartalados,

recién pintados o pintarrajeados,

pulidos o mugrientos.


Una vez lejos, ella se monta

sobre los chicos, los cabalga desenfrenadamente

hasta que termina con su minifalda arrugada,

apretando la funda de los asientos

y arañando el parabrisas empañado.


Ella es mi sister, mi mejor amiga.

Por eso todas las noches

después de cenar apago la tv,

me desnudo y con los ojos cerrados

escucho sus carcajadas juveniles

mientras un viejo automóvil

se estaciona...


Y me quedo horas esperando,

esperando

hasta que La Lety

                       entra a casa.



Béisbol
Richard Eberhart

¡Out en primera! El jugador corrió más rápido

Para alcanzar la segunda base, pero ya no pudo

Seguir ni volver sobre sus pasos.

Salió disparado de la primera empujado por un deseo natural

De correr, de seguir avanzando.

Cuando uno corre a tirones para tocar la siguiente base

No necesariamente piensa en llegar a home;

Uno siempre quiere continuar, alcanzar otro sitio

Aunque ya lleve el alma desbocada

Antes de llegar a su destino.

El hecho es que la mente siempre lleva la delantera

Cuando los músculos apenas empiezan a desperezarse.

¡Out en primera! Tenso, dirigiéndose hacia segunda base,

Sintió por un momento la realización total en sus piernas

Tratando de ganarle al tiempo.

Uno se impulsa desde atrás creyéndose vencedor

Como, incluso, se esforzaría por vencer a la muerte,

Seguro de ganarle al tiempo y recobrar la niñez:

Ese lugar extraño por el que pasamos sin ver.


Lo que debes saber para ser poeta
(Versión libre de un poema de Gary Snyder)

debes saber los nombres de los animales y las personas

de los árboles, flores y yerbas


los nombres de las estrellas

y los movimientos de los planetas y las lunas


debes tener tus sentidos en vela

y la mente despabilada y alerta


saber al menos algo de magia tradicional

de adivinación, de astrología


conocer el libro de las mutaciones y el tarot


interpretar los sueños y el resplandor

de sus demonios engañosos


debes saber diferenciar al asno del gallo

a dios del diablo


a una bruja harapienta de una virgen perfumada––


haber amado a las esposas de tus amigos

y a las amigas de tu esposa


memorizar los juegos infantiles

las tiras cómicas y los sabores de los chicles


resistir la sed en las horas del trabajo deprimente

vivir y amar hasta el hartazgo


extasiarte en la libertad de una danza salvaje

y encenderte de cuerpo entero en breves destellos solitarios


debes saber que la poesía es un peligro real, tangible

un juego inocente al borde del abismo.

lunes, 22 de marzo de 2010

Aforismos electoreros

La bella y la bestia (y la izquierda)

1. La alternancia en el poder entre PRI, PAN y PRD no es un signo de progreso democrático, sino un síntoma de esclerosis del sistema electoral; no habrá opciones reales de cambio en tanto sigamos pensando que votar es sinónimo de elegir acertadamente.

2. Ningún partido político ejerce en México una verdadera oposición; históricamente, la sociedad civil y los movimientos democráticos que cobija son los únicos que pueden adjudicarse ese sitio. Quienes se autonombran ‘oposición’ juegan el triste papel de lo que alguna vez, en el argot político de los años setenta, fueron los “esquiroles”.

3. Todavía hasta hace treinta años había varios priistas cultos, uno que otro panista culto y la gran mayoría de la (entonces sí) izquierda culta; hoy apuradamente hay uno que otro perredista que sabe leer y escribir pero no habla, varios panistas que no escriben ni leen pero hablan y la gran mayoría de priistas que no leerán ni hablarán desafortunadamente de estas líneas.

4. Parafraseando a Nicanor Parra: en México la derecha se vuelva cada vez más diestra y la ‘izquierda’ más siniestra.

5. Para poder diferenciarla de la derecha llamaremos ‘izquierda’ a los partidos que: a) tienen que sumarse a otros partidos para no perder su registro; b) olvidan sus principios en la mesa de las negociaciones y esconden su ideología bajo las sillas plurinominales, y c) dejaron de ser “conciencia de clase” del pobre para ser una clase de conciencia pobre.

6. La bella cree que para mantener su estatus debe haber muchos ‘feos’; es decir, muchos pobres. Por eso les ayuda a sobrevivir.

7. La bestia (que en el fondo quiere ser bella) se mezcla con los pobres por la necesidad de sentirse menos deleznable.

8. La ‘izquierda’ aspira a poseer la superestructura de la bella, la infraestructura de la bestia y la estructura a secas.

9. En la política poblana el fondo no es forma; el fondo sólo existe en las plataformas ideológicas hace mucho tiempo enterradas en la retórica de las “alianzas”, los “pactos” y la “civilidad”. La forma entonces es la garantía del modus vivendi partidista.

10. Mea culpa: que se intuya o denote por desviaciones semióticas que la bella y la bestia aluden malintencionadamente aquí a los candidatos panista y priista a la gubernatura de Puebla, respectivamente, sólo significa que a falta de voz (que no de voto) siempre tendremos a la mano el recurso de la alegoría.